El artista belga Wilm Delvoye, que en su pretérita exposición Cloaca había presentado una máquina para producir excrementos, muestra en una galería de arte de París a sus cerdos tatuados, bellamente tatuados, cromáticamente tatuados. Tatuados con gracia.
Delvoye adquirió hace tiempo una granja en China, donde sus criaturas se crían felices en libertad y son creativamente tatuados por su granjero. Cuando les llega su San Martín, son sacrificados como todos los de su especie, su carne es ofrecida a los campesinos de la zona y su corteza a los voraces coleccionistas de arte moderno.



q ganas de boludiar..con esos pobres animales…ay gente para cada cosa…va cada loco…
desgraciados como le hacen a pobre animal eso si kieren hacer eso hagacenlo en el poto hijos de puta